Jorge Luis Borges



Dulce tentación

Tardíos, pasificados, botritizados. Furor en la última década, los vinos de postre se convirtieron en un verdadero boom: incrementaron sus ventas en las vinotecas, ganaron protagonismo en las degustaciones y conquistaron un espacio en la carta de los restaurantes. 


Es importante empezar por el principio. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de vinos dulces? ¿Qué son? ¿Cómo se elaboran? Horacio Bustos, mentor del premiado Blog del Sommelier, brinda una precisa definición: "Para hablar de vinos dulces tenemos que tener en cuenta dos denominaciones o estilos de vino y dos procesos de producción que los hacen diferentes. Por un lado, están los conocidos como late harvest, a los que se les retrasa, en el mayor tiempo posible, la recolección de la uva, para que de esta forma consigan su máxima maduración. Es decir, la uva acumula una mayor cantidad de azúcar antes de vinificarse debido a la prolongada pérdida de agua. Por otro lado, en el caso de los vinos denominados dulce natural, la cosecha es como la de los demás vinos, sin ningún tipo de retraso, pero el proceso de fermentación se interrumpe de manera voluntaria, consiguiendo de este modo que queden restos de azúcar sin fermentar, lo que los hará precisamente más dulces". Para que se entienda: los vinos dulces son todos aquellos que contienen más de 40 gramos de azúcar por litro.
¿Y a partir de qué variedades se elaboran en la Argentina? En su mayoría, se vinifican en base a uvas blancas: torrontés, sauvignon blanc, semillón y, en algunos casos, chardonnay, han dado los mejores resultados. Asimismo, hubo sorpresas con gewürztraminer, viognier, ugni blanc; y párrafo aparte merece la refinada variedad petit manseng, que le permitió a Terrazas de los Andes lograr un producto excepcional. También se empezaron a producir vinos dulces con uvas tintas: el malbec tomó la delantera pero ya hay interesantes ejemplares de cabernet franc y merlot, entre otros.
En relación a esta expansión y diversidad, Andrés Rosberg, presidente de la Asociación Argentina de Sommeliers, explica que "el vino de postre se encuentra en franco crecimiento, tanto a nivel de la calidad como en cuanto a su consumo. Día tras día, aparecen nuevos ejemplos que nos enorgullecen, basados en la acidez natural de la Patagonia, en la versatilidad del torrontés en el norte o en el savoir faire de Mendoza. Para los sommeliers, constituyen una gran oportunidad, ya que nos permiten ampliar el universo de maridajes posibles en múltiples direcciones".
Otros dos datos importantes a tener en cuenta son la graduación alcohólica y la temperatura de servicio. En relación al primer ítem, el tenor alcohólico ideal sería entre 11 % y 12 %, señal de que estamos en presencia de un producto balanceado, equilibrado, nada empalagoso para el paladar. Y, en cuanto al servicio, los vinos dulces deben tomarse fríos, incluso a temperaturas más bajas que los blancos tranquilos secos, esto es, entre 6 y 9 grados, como los espumantes.
Asimismo, es importante explicar qué es la botrytis cinerea, hongo que produce la denominada podredumbre noble, que es el santo y seña de esta categoría. El mentado hongo provoca el passerillage, que es la concentración de azúcares y ácidos en la uva por pérdida de agua. Así, el moho se instala en la piel del grano, consumiendo el jugo y permitiendo su disecado. Este proceso le brinda complejidad y refinamiento a una clase de bebida muy apreciada por los enófilos.
Fortificados & icewines
Además de los cosecha tardía y los dulce naturales, otra muy buena opción para acompañar postres son los fortificados, vinos a los que se les interrumpe la fermentación a través del agregado de alcohol vínico (aguardiente). Según el momento en que el enólogo elija encabezar, el vino será más o menos dulce.
Así, si se encabeza apenas comenzó la fermentación, será muy dulce. Si, en cambio, se hace sobre el final de la fermentación, lo será menos. Lo que no cambia es la alta graduación (llega a los 20º), consecuencia del alcohol agregado. Añejados generalmente en roble, el ejemplo más famoso de este segmento es el porto, elaborado en Portugal. Otros vinos fortificados que gozan de prestigio internacional son el madeira (de la isla lusa homónima), el marsala (Sicilia, Italia) y el banyuls (Francia). En la Argentina, Familia Zuccardi fue pionera en la categoría de la mano de Malamado, el primer vino fortificado del país en sus versiones malbec y viognier (dulces) y extra dry (seco blend de chardonnay, viognier y torrontés).
Por último, es preciso mencionar al icewine o vino de hielo. Elaborado con mucho éxito en Austria, Alemania y Canadá, donde los inviernos son muy rigurosos y las temperaturas llegan a niveles muy bajos, se produce con uvas sobremaduras y congeladas por el hielo. En los países productores, los viñedos están cubiertos por la nieve durante todo el invierno y las frutas, en consecuencia, se deshidratan y concentran azúcares y ácidos. Allí radica su intensidad de aromas y sabores tan característica. Generalmente, el icewine se hace a partir de los varietales blancos riesling, vidal, chenin blanc y chardonnay y los tintos syrah y gamay, en menor medida.
En la Argentina, Viña Las Perdices sorprendió al mercado con el primer icewine de bandera, elaborado a partir de malbec. ¿Cómo se ha logrado? El enólogo Juan Carlos Muñoz así lo explica: "Los racimos permanecen en la planta hasta junio (la cosecha habitual es en febrero) para exponerlas a la nieve y las heladas. En estas condiciones, el rendimiento del viñedo es casi ínfimo, entre un 20 % a 25 %de una producción normal.
Luego, esos frutos se congelan de manera artificial, pues en Mendoza la temperatura no alcanza a congelarlas en forma constante, para lograr un mosto muy concentrado en azúcares, sabores, aromas y color, con equilibrada acidez. Posteriormente, llega una fermentación de varias semanas hasta obtener el valor de alcohol y azúcar remanente propios de estos vinos".
En busca del maridaje ideal
A la hora buscar la óptima armonización de un vino dulce, es fundamental prestar mucha atención a su grado de dulzor y acidez para encontrar un plato acorde. En general, estos vinos suelen ir de maravillas con postres y quesos. Esos serían, sin duda, los casamientos ideales o más tradicionales. Un clásico ejemplo es el del vino dulce botritizado con foie gras.
Lo cierto es que, al combinarlos con postres, estos deben ser menos dulces que el vino. ¿Por qué? Porque el dulzor del postre, si es muy intenso, puede opacar a la bebida. Por su parte, los vinos fortificados secos, como el jerez, se han convertido en una opción más que válida para el aperitivo, acompañando a la perfección al jamón serrano. Y, en cuanto a los fortificados dulces, como el porto, el chocolate es, por excelencia, su mejor partenaire.
Leticia Arena, sommelier de Bodega Séptima y apasionada de la categoría, confiesa que "son fabulosos con queso azul sobre tostadita de pan de semillas y una pasa de uva blanca sobre queso. Además, son ideales para una picada diferente, que denomino summertime, con frutas frescas en rodajas, duraznos, mangos, damascos, bananas, queso azul, queso brie, queso camembert, queso gouda, nueces, almendras, castañas de cajú, avellanas, pan tostado integral, grisines saborizados de azafrán y un dip de queso blanco con ciboulette fresca picadísima. ¿No es un excelente maridaje?", tienta.
Por su parte, Soledad Morales, sommelier de Sanbenito, Gran Bar Danzón y Sucre, da su visión desde el punto de vista del servicio: "Obviamente, el vino dulce no es el que más se vende, pero todo restaurante que se precie debe tener, en carta, opciones variadas: cosechas tardías, fortificados, icewines, botritizados. Personalmente, recomiendo los vinos dulces con platos de quesos blandos y también con algún foie gras, una opción antigua pero vigente. Y, por supuesto, con los postres, siempre teniendo en cuenta que el vino sea más dulce que el dessert elegido, para que no lo tape".
Para concluir, el sommelier bloguero Horacio Bustos hace una diferencia entre el maridaje por complemento y por constate. "Los vinos dulces han sido siempre un complemento de los postres, ya que resaltan favorablemente la dulzura del sabor de cierre. Si hablamos de un maridaje por contraste, podemos pensar en un vino dulce de cosecha tardía o dulce natural, que perfectamente puede acompañar quesos azules y más fuertes aún, como los de cabra".
Chocolate, el consorte perfecto
Desde luego, el maridaje entre los vinos dulces y el chocolate merece una mención especial. Ingrid Cuk, chef chocolatier y directora de la Escuela del Chocolate, explica la importancia de esta fascinante combinación. Y, fiel a su estilo innovador, propone casamientos jugados: "Maridar el chocolate con vinos dulces es algo fácil e interesante si se tienen en cuenta algunos factores. Por un lado, el tipo de chocolate, su potencia y los ingredientes adicionales; por el otro, la variedad del vino, la cosecha, la acidez, el contenido de azúcar y la zona geográfica, entre otras variables. Por ejemplo, un viognier exige un bombón de queso azul y un torrontés prefiere una laja de chocolate blanco con curry, azafrán o vainilla. Asimismo, un untuoso chardonnay pide sabores de manzana ácida y de jengibre en los rellenos, mientras que un sauvignon blanc juega con toda la paleta de los cítricos: una naranjita con chocolate o las cáscaras de pomelo bañadas son la delicia de esta cepa. En cambio, un semillón se inclina por la salvia, la melisa o la menta si de chocolates saborizados hablamos; en tanto que un espumante dulce acuerda con un chocolate blanco con avellanas tostadas o una trufa con aromáticas flores de Jamaica".
Por su parte, Laura Sotelo, jefa de Sommeliers de Familia Zuccardi, recomienda las mejores opciones para maridar el fortificado de la bodega con chocolates y sus diferentes vertientes. "El Malamado Malbec combina muy bien con chocolate puro que, por su retrogusto amargo y textura, es muy difícil de combinar con otros vinos porque los invade. El alto grado alcohólico de un vino fortificado, sobre todo tinto, equilibra el impacto del chocolate en la boca y lo complementa a la perfección. También casa muy bien con postres de frutas secas, higos o membrillos y, por supuesto, con quesos azules. Por su parte, el Malamado Viognier es más adecuado para postres elaborados en base a chocolate blanco o las versiones más suaves de los chocolates negros. Otra opción, desde luego, son los quesos con corteza de hongos, como el brie, el camembert o el crottin, y los postres con masa y almíbar, como los tradicionales de las cocinas árabe y armenia".

Siete tintos best buy para un asado dominguero

El asado es un infaltable del fin de semana. En esta nota recomendamos algunas de las mejores etiquetas en cada rango de precio y varietal.
Cuáles son buenos Cabernet Sauvignon, Malbec, Syrah y Merlot a la hora de encender el fuego.
 
"Puede fallar", decía un conocido ilusionista antes de hacer sus trucos. Y tratándose del caso del pronóstico meteorológico ¿qué decir? Según los especialistas del cielo, este domingo será un día despejado y templado, ideal para encender un fuego al mediodía, llenarse una copa de vino y hacer un asado de esos en los que la sobremesa se junta con las masitas a media tarde.
Nos encomendamos a los hombres de ciencia y –con un día de anticipación, esto se escribe un sábado por la tarde, hay que aclarar- nos arriesgamos a recomendar un puñado de tintos para el asado de hoy. Y si no se dan las circunstancias meteorológicas, al menos nos queda Tusan para ofrecer una disculpa.


Rodas Malbec 2010 ($15). En la góndola de los accesibles, los varietales de Rodas –son 12, como los apóstoles- son una isla, tal y como su nombre lo indica. Claro que hay islas desiertas como las que siempre dibuja Quino, y también están las paradisíacas all inclusive. Este Malbec entra en el segundo grupo. Es frutal y fácil de beber, con el paso suelto y ligeramente refrescante, ni más ni menos. Su precio colabora mucho a la hora de hacer las compras en el supermercado.


Michel Torino Colección Malbec 2010 ($16). Bodega La Rosa entiende bien cómo es el negocio de ofrecer buena relación entre calidad y precio. Y si usted ya conocía el Tannat -una especialidad de la casa- ahora conviene avanzar un paso en el porfolio y probar este Malbec: sencillamente frutal, ligero y de cuerpo medio. Claro que así son los vinos de este segmento, con el plus, en este caso, de una muy buena disponibilidad en todos los canales. Para un multitudinario asado de amigos, es una muy buena opción.


Tracia Cabernet Sauvignon 2010 ($17,5). Atento con este vino, que es un desconocido en la góndola porque es relativamente nuevo. Pronto estará en boca de todos, por su inmejorable desempeño: es bien frutal, tiene el paso fluido y envolvente, y consigue que el final de boca sea jugoso y atractivo. Está elaborado en San Juan, por Finca El Enlace, una bodega que piensa sus vinos buscando la mejor relación entre calidad y precio desde el viñedo. Cómprelo, que dará que hablar en el asado.


Estancia Mendoza Syrah 2010 ($17). La primera reacción que causa este vino es desconcierto: cómo puede ser que cueste menos de 20 pesos si parece, claramente, de 25 o más. Y ese es todo su secreto, una relación entre calidad y precio muy a favor suyo. La gente de Estancia Mendoza eso lo maneja a la perfección y trabaja sus líneas en ese sentido. De todos sus tintos, por lejos, el Syrah es la mejor opción.


Callia Reserve Malbec 2008 ($25). Si para el consumidor Callia es sinónimo de buenos vinos a precio de amigo, es hora de saltar un escalón y probar su línea Reserve –que salió a la venta el año pasado- y comprobar que la ecuación se renueva en esta gama. Es un Malbec con boca carnosa, de andar fluido y suave, en el que la madera es un buen condimento.


Kaiken Cabernet Sauvignon 2009 ($45). La filial local de la famosa Casa Montes (chilena), desembarcó de lleno en el mercado doméstico el año pasado con el relanzamiento de su gama de vinos varietales. El mejor, por lejos, es este Cabernet Sauvignon que seduce con una nariz bien frutada y una boca jugosa, ideal para el paladar asadero. Quien quiera darse un gusto, en esta etiqueta encontrará lo que busca.


Saurus Merlot 2008 ($45). ¿Un Merlot para un asado? ¿No era que el Cabernet era el mejor? A menos que creamos que hay un solo tipo de paladar, no. Este varietal de Familia Schroeder es perfecto para acompañar carnes asadas, básicamente porque tiene una boca bien frutal, de paso ligero y andar elegante. Esa es su principal virtud: refresca y da sabor, antes que imponerse al paladar. No es poca cosa. Ya verá.

Fuente: Diario La Mañana Neuquén
   

El vino: secretos, mentiras y verdades

El vino atraviesa por un boom. Existe incluso una suerte de dialéctica del vino. Para aclarar o derrumbar ciertos mitos, "Río Negro" conversó con el coordinador de la Tecnicatura en Enología de la Universidad Nacional de Río Negro. La vid al desnudo.

En los últimos –¿10?, ¿15?– años el vino se ha prestado para muchas cosas. Tierra de nadie, tierra de todos: terroir.
El vino ha servido, por ejemplo, para que virtuosos parlanchines, exiliados de la posmodernidad, dejen su verbo fácil y florido cruzando el éter.
Para que quijotescos personajes, sin molinos ni gigantes a la vista pero dotados de un poderoso instinto de supervivencia, encuentren en el tema una fuente de ingresos o una puerta de entrada hacia una conquista amorosa.
Porque si alguna vez llamó la atención en la mesa grande del domingo un conocimiento doctoral acerca de las películas francesas o la buena poesía americana del siglo XX, hoy en día saber (más o menos) cuánto pesa en el paladar un malbec y cuánto un cabernet, y cuál de los dos es pertinente ante el cuerpo de un salmón a la pimienta, pues eso, justamente eso, no está de más.
Sin embargo, ¿cuál es la verdad sobre algunas leyendas urbanas que rodean, que circulan y que atenazan la figura del vino?
¿Es jugo y tinta el contenido de los vinos en caja? ¿Hay diferencias entre un vino oneroso de una empresa-marca prestigiosa y otro de menor precio de una empresa-marca poco difundida? ¿De verdad el vino de alta gama viene, a veces, con emulsiones a vainilla, chocolate y almendras? ¿Es lo mismo la tapa a rosca que el corcho?
Y más, mucho más.
Alejandro Gresia, ingeniero agrónomo, hijo y nieto de amantes del cultivo de la vid y la producción artesanal de vinos y en la actualidad coordinador de la Tecnicatura en Enología de la Universidad Nacional de Río Negro, accedió a responder estos interrogantes en una conversación con "Río Negro" regada, en verdad, por abundante café y agua mineral.
Un sentimiento en
dos por cuatro
–¿Será el vino como el tango que te empieza a gustar y a "pegar" después de los 30 años?
–Creo que sí. A medida que vas creciendo también vas madurando y ya puedes disfrutar mejor de las cosas. Cuando uno es joven anda más rápido y el vino necesita otros tiempos. El tango es una metáfora adecuada.
–¿Por qué el vino ha alcanzado estos niveles de popularidad y de prestigio? ¿Por qué el vino se ha vuelto un objeto cool y al mismo tiempo sinónimo de erudición?
–El placer que genera es una de sus razones. Las otras están ligadas al terroir, a su origen, a la cultura que conlleva. Cuando uno abre una botella de vino abre también un paisaje. Uno se sumerge en una cultura. Además está el hecho de que en la elaboración del vino interviene mucha mano de obra, el producto está muy vinculado a la gente, a su tiempo, a los hijos, a los nietos de inmigrantes que se dedicaron a su cultivo. Existe un condimento histórico muy poderoso en todo lo que está relacionado con el vino.
–¿Era bueno el vino que tomaban nuestros abuelos y nuestros padres? Me refiero a ese vino que manchaba la boca y se vendía en toneles.
–En esa época el vino se vendía directo de la bodega a la gente. Era vino hecho con variedades criollas, criollo chico, criollo grande. El torrontés fue rescatado de las variedades comunes. Pero era vino de mesa. No tiene tanto sentido hablar de bueno o malo, porque para la gente de entonces ese vino estaba bien. Pero los gustos cambian con las generaciones. No sé qué sensación tendríamos hoy con aquellos vinos. En lugar de hablar de un buen vino habría que hablar de un buen momento.
–Un vino, un momento.
–Sí, porque dependiendo del momento en el cual te encuentres tu opinión sobre un vino será distinta. Un vino que tal vez no sea un gran vino pero que ha sido bebido con amigos quizás se transforme en tu paladar en algo más que un sabor. Y si pruebas un gran vino en un momento de desgano no te parecerá tan especial. Por supuesto hay parámetros.
–Esto me hace pensar en la capacidad del oído humano para detectar determinadas extensiones y variedades de sonido. O sea que, al final, uno probablemente no pueda determinar las diferencias de calidad entre un vino y otro.
–Entre un vino más o menos y un buen vino sí.
–Entre un vino de caja, digamos, y un vino que esté en 30 pesos.
–Sí, puedes sentir la diferencia. Pero entre un vino de 500 y otro de 1.000 no creo. Casi no podrás percibir las diferencias.
Dónde está la diferencia
–¿Entonces? ¿Por qué las diferencias de precios?
–Marca, marketing, prestigio, lugar de origen... hay varios condimentos.
–¿Qué caracteriza a un buen vino? ¿Cómo se establecen esos parámetros de calidad?
–El lugar de procedencia, el terruño (los vinos nacen en el viñedo, es el puntapié inicial), el tiempo en barrica, el tiempo en sí, el clima, la radiación solar, la uva. Hay variedades que responden mejor a las características del lugar en el cual están. Pero no te olvides de los momentos, de tu momento con relación al vino. Hay veces que, en una cata a ciegas, se hace difícil decir cuál vino es bueno y cuál excelente. Por ahí te estás tomando un vino común pero que no está nada mal y te confundís. Porque al final, todo se reduce a esto: si te gusta o no te gusta.
–El vino ha dado lugar a discursos muy floridos, aquellos que hablan del sabor y el aroma y que remiten a la vainilla, el chocolate, la ciruela y un largo etcétera, casi como figuras literarias para apuntar a la calidad de un vino ¿Es verdad eso, que se pueden implicar sabores que parecen ajenos a la estructura del vino?
–¡Hay cada uno hablando! Existen propiedades de la uva que pueden encontrarse en otras frutas y un poco a eso se refieren estas comparaciones poéticas. Con respecto a la vainilla y el chocolate, están relacionadas con el tostado interior de la barrica de roble. De ahí nacen las posibilidades del discurso al cual hacés mención. Pero uno encuentra cada personaje y en cada situación... Están los que prueban un vino en medio de una fiesta y empiezan: "¡Ah! Esto tiene reminiscencias a ciruela cosechada a las tres de la tarde" o que hablan del aroma de vino en medio de una discoteca tapados de humo. ¿Cómo hacen?
–¿Corcho o tapa rosca?
–Depende del producto que estés embotellando. Para los vinos que se consumen en el transcurso del año la tapa a rosca es una solución. El corcho permite que haya microoxigenación y que el vino siga madurando.
–¿Algún vino, algún momento que quieras dejar sobre estas líneas?
–¡Han sido tantos vinos! Yo prefiero hablar de momentos, de encuentros. Por ejemplo, la otra vez con mi hermano nos pusimos a buscar en casa una botella que habían enterrado para su bautismo, o sea hace 17 años. Dónde estaba la famosa botella era el asunto. Pero más que el vino, fue el gesto.
–¿Y el sabor?
–¡Ajerezado!

Fuente: Diario Río Negro

8 vinos por menos de 25 pesos para acompañar pizzas

La tradición ordena maridar la pizza con cerveza, pero el vino también es un buen compañero. Si todavía no probaste esta combinación, enterate con qué tintos, blancos y rosados no falla. 

 La pizza es un plato que, por tradición, se marida con cerveza. Pero no por eso hay que descartar el vino. Si querés porbar algo diferente, hacé la prueba con estos recomendados. Los blancos y rosados aportan el toque de frescura en cada bocado, y los tintos, el sabor frutal. Estos son nuestros recomendados por menos de 25 pesos para acompañar las pizzas:

1. Estancia Mendoza Merlot Malbec 2010 ($12)A un plato accesible, un vino igualmente amigable. Fijate: por este precio vas a tener un vino frutado y aromático que va a cortar el peso elástico de la muzzarella con un andar ligero y fragante. Porque así deben ser los vinos pizzeros: suaves y livianos al paladar, sin madera que les lastre el paso.

2. Michel Torino Colección Torrontés 2010 ($17)Es raro que en un país como el nuestro, que se jacta de todo lo que lo distingue frente al mundo, no hayamos popularizado la pizza de media masa junto al Torrontés. La combinación es inmejorable: el perfume cítrico del varietal, su cuerpo delgado, le vienen tan justo a la pizza como el buen oliva. Hacé la prueba con éste y nos contás.

3. Goyenechea Rosado de Merlot 2010 ($18)Si estás con ganas de renovar tu paladar, no dejes pasar la oportunidad de probar una napolitana –con humeantes rodajas de tomate y abundante provenzal- junto a este rosado del sur mendocino. La frescura frutal del vino, compensada con un leve dulzor, le van a sumar sabor a tu mesa.

4. Mil Rosas Rosado de Merlot 2010 ($18)Bodega Norton tiene entre sus vinos a este rosado de aromática marcadamente frutal, cuyo paso resuelto se sostiene en una refrescante y buena acidez. Digamos, el combo inmejorable para acompañar un fugazzeta rellena, en la que la muzzarella reclame el bálsamo revitalizante del vino.

5. Marcus Merlot ($18)La pizza es un hit de consumo porque conjuga tres claves: el gusto ácido del tomate, con la cremosidad fluida de la muzzarella y el contrapunto crocante de la masa, que da placer con sólo escucharla en la quijada. En suma, todo lo que debe tener un buen plato. Con Marcus Merlot pasa lo mismo: un vino de reminiscencias frutales, delgado al tacto y de acidez pronunciada. Combinalos y vas a saber lo que es un buen maridaje.

6. Portillo Sauvignon Blanc 2010 ($21)Si pensás bien qué es lo que te gusta de acompañar pizzas con bebidas frías –gaseosas o cervezas, por citar dos ejemplos posibles- te darás cuenta que lo que buscás, sobre todo, es enfriar la boca a cada bocado. Y así, el vino blanco es tu mejor elección, como este Sauvignon blanc que le aportará una interesante cuota de frescor y un twist de maracuyá.

7. Latitud 33 Malbec 2009 ($24)Cuando pidas por teléfono pizza a la piedra, si no querés probar el mismo sabor, seguí este consejo: prepará un dip con orégano, pimienta, ají molido, oliva y sal. Y al momento de servir la fugaza o la muzza, pintala con el menjunje y verás. Tené preparada una botella de este Malbec de Bodegas Chandon, que le sumará el gusto frutal que le falta a la propuesta.

8. Elementos Torrontés 2010 ($24)Si tenés oportunidad y algún expertise prepará en tu casa unas pizzas a la parrilla. El secreto está en estirar bien la masa y, al ponerla en los fierros, esperar a que tome piso antes de sacarla de la pizzera. Después, ponele lo que quieras encima -tomate, muzzarella, albahaca o espinaca- que este Torrontés cafayateño sabrá condimentar con elegancia y perfume azarado el sabor ahumado de tus pizzas. 

Fuente: Planeta Joy

Cerveza vs. vino, el pasado y el futuro de la industria vitivinícola

Recientemente fue publicado en París el libro "Vinos de Europa y América", coordinado por el antropólogo francés Frédéric Duhart.   


En este libro se incluyen trabajos sobre la industria del vino en otros países del mundo, incluyendo a la Argentina. Se trata de estudios elaborados por un equipo de investigadores argentinos y chilenos, liderados por el académico mendocino Pablo Lacoste. A propósito de estos trabajos, surgió este diálogo, durante su reciente paso relámpago por Mendoza ya que Lacoste reside en Chile:

- Cuando se mira la producción vitivinícola con la perspectiva de cientos de años, como usted lo ha hecho con su equipo, ¿qué diferencias encuentra con los informes de coyuntura que se dan anualmente? ¿Cree que esta coyuntura responde a un patrón histórico?
La historia sirve para comprender mejor la coyuntura. Entrega una mirada más serena. Permite distinguir lo esencial de lo accesorio. Y contribuye a valorar los aspectos centrales. En el caso del consumo de vino, es muy claro. Llevamos 40 años de caída. El consumo de vino per cápita en Argentina ha bajado de 93 litros en 1970 a 76 en 1980, 54 en 1990, 33 en 2000 y 25 en 2010.
-¿Cuál es la causa? ¿Quién ocupa el lugar que pierde el vino?
 Cada año, miles de consumidores de vino se pasan a la cerveza. El consumo de cerveza ha subido de 7 litros per cápita en 1981 a 43,2 en 2010. La cerveza avanza exactamente en el mismo terreno donde el vino retrocede.
-¿Cuáles son los efectos sociales de este cambio de los patrones de consumo?
El retroceso del vino y el avance de la cerveza tienen un impacto social muy regresivo, pues el vino, si bien cuenta con algunas empresas grandes, es una industria esencialmente de pequeñas y medianas empresas. En cambio la cerveza representa la concentración y los oligopolios. En el mercado argentino, la cerveza está en manos de tres empresas: Quilmes-Brahma (75%), CCU (22%) e Isemberg (7%). Ellas tienen además, el control de la malta que es la materia prima principal de la cerveza. En cambio el vino está distribuido entre miles de viñateros y bodegueros. Las 220.000 hectáreas de viñas que tiene Argentina están distribuidas entre 30.000 pequeños propietarios. Por lo tanto, el avance de la cerveza sobre el vino, representa un avance de la oligarquía sobre las pequeñas y medianas empresas. Y lo lamentable es que el gobierno, en lugar de ayudar, empeora la situación. Por ejemplo, la cerveza es un producto de cabotaje, sólo para el mercado interno (no se exporta ni el 2% de la producción nacional). En cambio el vino ha logrado avanzar tanto en calidad, que cada año bate el récord de exportaciones, desde hace una década.

- ¿Cuál es el papel del Estado en este proceso?
El gobierno nacional se ufana de ser “progresista”, “nacional y popular”. Sin embargo, por ignorancia, en la guerra del vino con la cerveza, toma posiciones reaccionarias y oligárquicas. Así se refleja en el caso de las retenciones a las exportaciones de vino.  El Estado nacional confunde conceptualmente la industria vitivinícola con la producción latifundista de soja, que carece de valor agregado, no genera puestos de trabajo y aniquila la pequeña propiedad. Teniendo en cuenta esas condiciones, es perfectamente razonable imponer retenciones a la exportación de esos productos. El problema es que el gobierno incurre en una suerte de traspolación ideológica, y utiliza el criterio de la soja y sus latifundios, para el vino y sus pequeñas propiedades de trabajo intensivo. El gobierno castiga a la industria del vino con retenciones, le quita competitividad y le causa fuertes problemas.

- ¿En qué consistió el trabajo recientemente editado en Francia?
Es una reunión de 14 estudios sobre vinos  de Europa y América, elaborados por colegas que investigan el tema en ambos continentes. Nuestro equipo aportó tres estudios: uno sobre el consumo de vinos en Argentina; otro sobre el turismo del vino en Chile y el tercero, sobre el papel de la literatura en el proceso de construcción de la cultura de la apreciación del vino en Europa.
-¿Cómo se produjo esa influencia de la literatura en el vino?
Hemos estudiado el caso del vino en la obra de Alejandro Dumas, particularmente en el ciclo de los mosqueteros. Se trata de un conjunto de tres libros que reúne 4.000 páginas: Los Tres Mosqueteros; su continuación titulada Veinte Años Después y el epílogo El Vizconde de Bragelonne, que el público conoce por la película El hombre de la máscara de hierro. Estas obras tuvieron gran repercusión en el mundo cultural de fines del siglo XIX, pues se vendieron millones de ejemplares. Hasta en Mendoza se leían las obras de Alejandro Dumas: era el autor más leído en las bibliotecas privadas de los viticultores cuyanos de la década de 1860. Pues bien, junto con el entretenimiento, la acción y la seductora actitud de D'Artagnan y sus mosqueteros, Dumas entregó un escenario donde el vino está siempre presente y en lugares de honor. Existe una organización muy bien pensada, donde se formulan jerarquías de vinos. Están los vinos preferidos de D'Artagnan, que en parte igualan y en parte difieren de los de Athos, Portos y Aramis. Cada uno tiene sus gustos. Pero lo importante es que, después de un hecho de acción intensa, cuando los cuatro amigos se reúnen, inexorablemente comparten el vino. A lo largo de toda la saga, el vino está presente como el principal compañero de los héroes de capa y espada. En este sentido, la obra de Dumas causó efectos parecidos a la película Entre Copas, que contribuyó a valorar el vino y hasta provocó que se agotara el stock de Pinot Noir ese año! Este efecto, que ahora nos causa sorpresa desde EEUU, los europeos lo vienen realizando desde hace siglos. Y estudiar ese proceso nos ayuda a entender la dimensión cultural que tiene el vino.

- ¿Cuáles fueron los resultados que más le sorprendieron en los otros estudios?
 El primer punto que debemos destacar es que, a diferencia de lo que muchos creen, la industria del vino de la Argentina no comenzó con los inmigrantes europeos de fines del siglo XIX. Ellos se instalaron sobre una actividad que ya tenía 300 años de trayectoria. Claro que fueron muy hábiles para ocultar ese pasado, invisibilizarlo, y construir un discurso fundacional, en el cual se posicionaban a sí mismos como los dueños, creadores y fundadores de esta industria.  Resulta notable el éxito con el cual los grupos dominantes de la industria vitivinícola de Mendoza, formados por los inmigrantes europeos, invisibilizaron el aporte anterior de los criollos que, en forma silenciosa y eficaz, trabajaron durante tres siglos para fundar y arraigar el cultivo de la vid y la elaboración del vino en Mendoza.
Este enfoque ha sido consolidado por el discurso oficial. Por ejemplo, en la Fiesta Nacional de la Vendimia, las bases del concurso establecen que obligatoriamente, el guión del Acto Central debe destacar el protagonismo de los inmigrantes. ¡Y omite el papel de los criollos que hicieron el trabajo antes!
-Con respecto al turismo del vino, ¿cuáles fueron sus reflexiones al profundizar el tema?
En el estudio sobre turismo del vino, mi paradigma mental era el de Argentina, con una  Fiesta Nacional de la Vendimia fuerte y rutas del vino débiles. En Chile encontré un fenómeno opuesto: las fiestas vendimiales son pequeñas (como las departamentales que se realizan en el interior de la provincia de Mendoza); los chilenos no tienen una fiesta nacional, bien estructurada. En cambio, las rutas del vino están mucho más desarrolladas, sobre todo la de Colchagua, que es considerada una de las mejores del mundo.
¿Cómo se explican esas diferencias entre el turismo del vino de Argentina y Chile?
En Argentina se ha producido un largo proceso histórico para generar y sostener el fenómeno de la Fiesta Nacional de la Vendimia, que nace como una alianza entre los empresarios del vino y los trabajadores vitivinícolas de los departamentos del Gran Mendoza y la Zona Este, quienes se desplazaron a la ciudad de Mendoza en forma pacífica para participar de un acto de afirmación de la industria como principal fuente de riqueza y trabajo social de la región. Esta unión de sectores sociales, sobre la base de una misma industria estructuradora de la identidad, en el marco de una movilización masiva en paz, fue un antecedente decisivo. En un momento de apuro, las élites convocaron al pueblo para empoderarse frente al bloque de poder nacional, hacerse escuchar por el Estado e influir en las instancias de decisión. El pueblo respondió satisfactoriamente, con una movilización masiva y pacífica. Como resultado, las élites le perdieron el miedo al pueblo y ambos grupos transitaron juntos un camino durante un siglo. Cada año vemos la Vía Blanca y el Carrusel con 200.000 personas en las calles, sin que se produzcan destrozos y vandalismo, como sí ocurre con la celebración de un partido de fútbol que apenas junta unos cientos de hinchas.  Se produce, cada año, el “clima de vendimia”, en el cual el pueblo de Mendoza asume una actitud de respeto casi religioso por las ceremonias en las cuales participa. Esta situación no existe en Chile. Allí todavía hay una diferencia, una distancia entre el pueblo y la élite. Esta le tiene miedo al pueblo. Y el pueblo siente la industria del vino como distante. La participación es muy menor en las fiestas vendimiales, y las rutas del vino son recorridas principalmente por extranjeros o miembros de las elites sociales de Chile.
- ¿Qué mensaje cree que esos resultados le están dando, específicamente, a la industria vitivinícola de Argentina y Chile?

El vino no puede ser un commodity, como la cerveza. Si se instala en ese concepto, está perdido, porque nunca va a poder competir con el poder de publicidad que tiene una industria tan concentrada. Además, el vino no es meramente un líquido que se produce en forma industrializada. Es un producto cultural, con 6000 años de trayectoria, y que atraviesa la historia misma de la humanidad. La industria del vino tiene que poner mucha energía en fortalecer su identidad y desde allí, constituir una base sólida para su desarrollo.
- ¿Qué diferencias y divergencias encontró entre el desarrollo que se dio a lo largo de los siglos de un lado y otro de la cordillera?
Con la llegada masiva de los inmigrantes a la Argentina, a fines del siglo XIX, se puso en marcha un periodo de divergencia entre ambos paises, que se prolongó durante 80 años. Esta situación cambió a partir de los 90, cuando se reanudó la conexión originaria. La transformación de la vitivinicultura chilena comenzó antes que la de argentina. El punto de inflexión se produjo en 1979 cuando Miguel Torres introdujo los tanques de acero inoxidable en sus viñas de Curicó. A partir de entonces se puso en marcha el proceso de retorno a la calidad, con vinos escogidos, con barricas de roble. Se fueron acumulando las energías para comenzar a exportar, proceso que se inició en Chile a comienzos de los ’90. Argentina siguió estos pasos, con diez años de retraso. La transformación de la vieja industria de vinos comunes en una nueva, centrada en la calidad, se inició en los 90 y las exportaciones importantes se pusieron en marcha a partir del 2000. Argentina se benefició el contacto de Chile; aprendió a hacer negocios observando el modelo chileno. Un símbolo de este paralelismo fue la creación dé Pro Mendoza, debido a la decisión del gobierno de Arturo Lafalla, inspirada en Pro Chile, que se creó en 1974. La viticultura argentina se benefició del renovado contacto con Chile, en el sentido de perderle miedo al mundo, salir a competir y arriesgar. Fue una experiencia interesante, que tenía sus antecedentes, pues en los primeros tiempos, ese lazo fue muy fuerte.
-¿En algún momento de la historia la Argentina se dio cuenta que podía hacer sinergia con Chile?
La vitivinicultura de Argentina y Chile tuvo un periodo inicial de unidad. Entre mediados del siglo XVI y fines del XIX, tuvimos una única región vitivinícola, con las mismas plantas, los mismos sistemas de conducción, sostén, poda y cultivo. También eran similares las instalaciones y el equipamiento de las bodegas, y los métodos de elaboración. A ambos lados de la cordillera, el sistema funcionaba sobre la base de pequeñas propiedades cultivadas con viñas y  se utilizaban métodos artesanales para elaborar el vino. Se fortaleció la cultura del trabajo intensivo. Se alcanzaron algunos resultados sorprendentes, como la crianza biológica de vinos bajo velo de flor (primera mitad del siglo XVIII), y se generó una variedad nueva, el Torrontés, única cepa criolla de alto valor enológico, resultado de siglos de trabajo y selección natural y cultural por parte de los viticultores de esta región. La incorporación de las uvas francesas, a mediados del siglo XIX, se produjo dentro de este mismo paradigma de alianza o unidad entre los viticultores de Argentina y Chile. Esas variedades ingresaron primero a Chile, pues este país logró más rápido organizar sus instituciones políticas (Chile se dio su Constitución Nacional en 1833 y sus gobiernos estables comenzaron dos años antes, mientras Argentina estaba empantanada entre guerras civiles y caudillos latifundistas). Cuando Argentina logró superar la etapa de los caudillos e ingresó en el proceso institucional, se generaron las condiciones para modernizar la industria vitivinícola. Por iniciativa de Sarmiento, a mediados de la década de 1850 llegaron a Mendoza las uvas francesas, provenientes de Chile. Se produjo entonces la extraordinaria adaptación del Malbec a estas tierras. De esta manera, se echaron las bases de la viticultura actual de la Argentina.  Es importante señalar que las dos cepas emblemáticas de la Argentina (Malbec para los tintos y Torrontés para los blancos) comenzaron a cultivarse dentro del periodo de asociación estratégica con la viticultura chilena: el Torrontés en el siglo XVIII y el Malbec en el XIX.  
-¿Qué pasó después?
Hacia fines del siglo XIX, con la llegada masiva de los inmigrantes europeos, se produjo un fuerte cambio en la vitivinicultura argentina. Hubo aportes y avances tecnológicos, pero también muchos problemas porque se levantaron empresas grandes, que rompieron la naturaleza de la vitivinicultura. La industria del vino debe estar cerca de lo artesanal, de la pequeña propiedad, del contacto directo entre el hombre y el entorno natural. Cuando se aplican criterios de grandes plantas industriales, se produce una transgresión a las normas centrales de la industria. Y muchos inmigrantes hicieron justamente eso. Se levantaron grandes “fabricas de vino”, interesadas en elaborar grandes volúmenes de baja calidad. Se llegaron a acumular viñedos de 3.000 hectáreas en manos de la misma empresa. El vino común se enviaba masivamente a Buenos Aires, a bordo de los trenes, para distribuirlo allí sin marcas ni identidad. Se abrió un ciclo de euforia, de plata fácil, con muchos fraudes por estiramiento del vino con agua, o con etiquetas falsificadas: se vendían vinos de Mendoza como si fueran europeos. También se falsificaban las denominaciones de origen, al vender  como Oporto, Jerez y Champagne, vinos elaborados en Cuyo.
- ¿Cuáles fueron las consecuencias de ese modelo para la vitivinicultura argentina, según los estudios del grupo que usted dirige?
En el corto plazo, muchos de esos inmigrantes lograron acumular fortunas notables. Pero causaron daño en el largo plazo, porque debilitaron la identidad de los vinos argentinos. A pesar de las advertencias de los cerebros más claros, como Benito Marianetti y el padre Francisco Oreglia, durante un siglo impusieron su modelo de grandes fábricas de vino, sin cuidar la identidad, la denominación de origen y el patrimonio cultural del vino. En cierta forma, esa vinicultura industrial, liderada por los inmigrantes europeos y sus hijos, levantó un gran transatlántico, y lo dirigió rumbo al iceberg, como una réplica del Titanic. El choque se produjo en la década de 1970, cuando el modelo estalló en pedazos.
 -¿Cuál o cuáles han sido los momentos que realmente pueden considerarse "un boom" en Mendoza y el país? ¿Hay algún falso boom en su análisis?
El periodo 1880-1914 fue un periodo de boom. El crecimiento cuantitativo de la superficie cultivada con viñas y el volumen de vino elaborado en las bodegas ha fascinado a los especialistas. Muchos tratados se han escrito para celebrar este fenómeno que está en la base de la fortuna de muchos inmigrantes europeos que, efectivamente, lograron hacer la América. Pero las falencias que tenía este modelo implicaron que llevara dentro las simientes de su propia destrucción. 
- ¿Y en los años 90?
En ese sentido, la transformación de la década de 1990, ha sido muy positiva pues tiene mucho de autocrítica. Se ha dejado de pensar en el modelo anterior, fundado en grandes fábricas de vino, para volver a la calidad y a las propiedades más pequeñas. En ese sentido, las modernas bodegas boutique son un renacer de la antigua vitivinicultura colonial, cuando las viñas tenían dimensiones más acotadas y cada planta se cuidaba con esmero, lo mismo que las instalaciones de las bodegas.

- ¿Puede considerarse que las inversiones europeas en nuestra industria fueron positivas? ¿O simplemente buscaron tierras más baratas fuera de su continente para ampliar sus propias fincas y bodegas?
La transformación de la vitivinicultura argentina en los ’90 tuvo un aporte muy valioso de los inversores extranjeros, porque ha permitido superar el modelo anterior, centrado en la cantidad antes que la calidad. Además, esta nueva vitivinicultura tiene más sensibilidad con la identidad y la dimensión cultural del vino. Por otra parte, es bueno que el empresario local se sienta estimulado para competir. Uno de los problemas que tuvo la vinicultura argentina del periodo 1890-1970 fue el proteccionismo. El Estado nacional, al cerrar el mercado interno, generó condiciones oligopólicas. Al disponer de un mercado interno cautivo, los empresarios argentinos se durmieron en los laureles; no fueron capaces de invertir parte de la renta en mejorar la calidad de sus productos. Por ese motivo, a pesar de las excelentes condiciones naturales que ofrecen las tierras y climas de Argentina, esos bodegueros no fueron capaces de exportar. Se limitaban a elaborar y vender vinos malos. ¿Para qué esforzarse en hacer algo mejor, si con eso les sobraba para enriquecerse? Desde este punto de vista, en el largo plazo, la política proteccionista del Estado argentino fue nefasta para la industria del vino. Eso se comprendió en la crisis de los años ’70 y ’80.
- ¿Qué pasaría si un día las condiciones varían y se van?
Afortunadamente, al competir en el mercado mundial, la industria vitivinícola argentina es hoy más fuerte que en el siglo XX. Ya no es una planta de invernadero, sobreprotegida y débil. Ahora está al aire libre, en medio del sol, la lluvia y los elementos. Tiene más capacidad de adaptación, pues es una industria global. Depende menos del mercado interno.
Claro que tiene riesgos. El gobierno nacional puede tomar alguna medida disparatada y afectarla. También puede complicarse la competencia mundial por la caída del consumo en los países centrales (Francia, España, Italia). A ello se suma la crisis económica de estos países, con la consecuente caída de recursos fiscales en general y los subsidios al campo en particular. Como resultado, es posible que se produzca un cambio importante en la vitivinicultura de esos países, con una actitud más agresiva desde el punto de vista de salir a competir con mejores precios. Todo esto puede complicar el escenario del mercado mundial de vinos. De todas formas, la vitivinicultura argentina es fuerte y los problemas internacionales los puede resolver. Creo que la principal amenaza no es externa sino interna: las medidas que pueda tomar el gobierno nacional.
- ¿En dónde quedaron los pioneros locales de la industria?
Los pioneros locales de la industria del vino de la Argentina son los criollos y mestizos, es decir, los hijos de españoles e indios, nacidos en Mendoza y San Juan que, durante 350 años, descubrieron este nicho ecológico y, en medio del desierto, levantaron uno de los polos vitivinícolas más importantes de América y el mundo. A ellos se les debe un reconocimiento que todavía le hemos negado. Con respecto a la transformación de la vitivinicultura argentina en los 90, tenemos todavía mucho que analizar. Los sectores que durante un siglo se beneficiaron del proteccionismo estatal, y medraron a la sombra del oligopolio, a la vez que intoxicaron la identidad de los vinos argentinos, merecen nuestra comprensión. El asunto es ver qué va a ocurrir con el pequeño productor que tiene escasa capacidad de influir en las políticas públicas. Es el portador de la tradición de los pioneros locales, es el heredero de siglos de historia. La tierra de sus uñas es su principal medalla. Allí hay que enfocarse para pensar en el pasado, el presente y el futuro del vino argentino.
- ¿Cree usted que se está viviendo el principio de una crisis mundial que puede afectar a las filiales locales de las empresas vitivinícolas europeas?
Volvemos al punto inicial: el consumo mundial de vino tiende a estancarse o retroceder. La cerveza avanza, a pasos de gigante, impulsada por una oligarquía que dispone de recursos multimillonarios para invertir en publicidad. Frente a ello, el vino parece frágil, pues carece de esos recursos. Sin embargo, cuenta con la identidad y la historia. Veremos combates formidables en los próximos años.
- ¿Podría pronosticar cuál es el futuro de la industria basándose en los análisis históricos?
En los próximos 20 años, la cerveza va avanzar todavía más, para ocupar buena parte del terreno que hoy tienen los vinos comunes. Paralelamente, los vinos de calidad se van a fortalecer en el segmento de mercado formado por un nuevo consumidor, más sensible al proceso de construcción de la cultura de apreciación del vino. 

Fuente: MZOnline

Competitividad

Más allá de los números de la próxima cosecha y del porcentaje que Mendoza y San Juan acordaron para la derivación de uvas a mosto, la próxima cosecha anticipa un panorama bastante complejo. Existe un elevado stock técnico en los vinos blancos escurridos, un aspecto que podría ser solucionado con la elaboración de mosto.

Pero paralelamente las heladas tardías afectaron principalmente a las uvas tintas de calidad, lo que determina que su ausencia podría elevar los precios de manera tal que le haga perder competitividad frente a otros países vitivinícola. En ese esquema, resulta necesario que se alcance un equilibrio -delicado y difícil por cierto- de manera tal que ningún eslabón de la cadena sufra las consecuencias.

En el caso de los blancos escurridos, la situación es clara. Existe un stock demasiado elevado y una nueva derivación de uvas a vinos complicaría aún más la situación. Ese panorama se ve reflejado actualmente en los precios.

Al decir de algunos productores de la zona Este, se estaría ofreciendo 80 centavos para el litro de blanco escurrido, mientras las ofertas por el litro de mosto sulfitado estarían llegando a 1,20 pesos. "Eso pasa por que no hay mosto, pero habrá que ver si los mosteros mantienen los precios, más aún cuando se les ha asegurado un 30 por ciento de la producción", dijo la fuente consultada.

Algunos consideran también que si se cumple el anuncio del Gobierno, de comprar uva a pequeños productores para destinarla a mosto, se puede establecer un "piso" para los futuros valores de las uvas.

Ante una consulta sobre esa situación, un funcionario con alto poder de decisión, pero de bajo perfil, aseguró que el Gobierno no va a volver a la fijación de precios mínimos y que la intervención sólo podría pasar para evitar que exista un desbalance entre el productor y el industrial.

"Estamos hablando de un operativo para mosto que tiene directa relación con las posibilidades de mercado que tiene el mosto y para evitar seguir saturando el de los blancos escurridos", dijo el funcionario, quien aseguró que ese es el motivo principal por el cual se alienta el mercado del mosto y se desalienta el de los vinos básicos.

Y ante la pregunta sobre si se tendrá en cuenta la ecuación planteada por el diputado radical Alexander Maza para la fijación del precio de la uva, el funcionario destacó que "vamos a intentar que nadie de la cadena resulte afectado". Más allá de esas opiniones, trascendió en esferas del Ejecutivo que el piso del kilo de uva para mosto podría rondar los 85 centavos, insistiendo la fuente en señalar que se tratará de compras sólo para pequeños productores.

Los tintos

En el tema precios, el problema se centra en lo que pueda llegar a ocurrir con el precio de los vinos tintos. Tal como lo señalamos en una nota anterior, la preocupación de los bodegueros pasa por los valores que -a priori- están pidiendo algunos productores y en cómo trabajar a futuro para lograr competitividad.

En ese sentido, vale señalar lo que sucede en Chile. De acuerdo con una nota publicada por el diario El Mercurio, los precios de la uva en ese país subirán entre un 20 y un 40 por ciento respecto del año pasado, como consecuencia del déficit de vino que produjo el terremoto, a lo que se suma el incremento de las exportaciones.

Según los ejecutivos del sector -dice la nota- las bodegas compran cerca del 50 por ciento de la fruta que utilizan para su embotellado y el resto es producción propia. Así entonces, mientras en la temporada pasada se pagaron cerca de 140 pesos chilenos por un kilo de carmenere o cabernet sauvignon, este año se pagarán 200 pesos el kilo y valores similares se mueven en los blancos, como el sauvignon blanc.

También se asegura que existe consenso en el sentido de no trasladar ese aumento al consumidor chileno ni a las exportaciones. Ahora bien, si tenemos en cuenta el valor del tipo de cambio, puede concluirse que el precio de una cabernet sauvignon o un sauvignon blanc es de 1,80 pesos argentinos.

"Tenemos que tener en cuenta esos valores para no perder competitividad", dijo un bodeguero local, quien recordó que el vecino país -el quinto exportador de vino del mundo- ha acordado un plan estratégico a diez años, que apunta a duplicar sus exportaciones, hasta alcanzar los 3 mil millones de dólares anuales. Ese objetivo requiere un crecimiento anual del 9 por ciento, el que es considerado "factible" por el sector, basándose en el incremento de las exportaciones del último decenio.

Así como en el caso de los blancos escurridos y el mosto se intenta alcanzar un equilibrio, también habría que pensar en ese delicado equilibrio que tiene que existir en las uvas tintas para que el productor pueda alcanzar valores rentables y el bodeguero pueda mantener la competitividad.

Las bodegas chicas

El jueves, el ministro de Economía, Raúl Mercau, recibió a dirigentes de Bodegas de Argentina, quienes concurrieron a plantearle su inquietud como consecuencia de la posibilidad de que se reduzca la compensación por exportaciones a bodegas de vinos finos que no elaboren mosto.

Mercau señaló sobre el tema que la intención del Gobierno es lograr que se alcance el mayor porcentaje de mosto "en conjunto" (tomando las distintas variedades de uvas) y que pondrá en estudio el tema del sistema de compensaciones. "No es una decisión tomada y lo estamos evaluando", dijo el ministro, quien agregó que se trata de un tema que discutirán también con sus pares sanjuaninos, "porque la intención es no perjudicar a nadie".

Préstamo a bajo interés

Durante un acto realizado en la sede central del Banco Nación y que presidió Cristina Kirchner, se hizo el anuncio del otorgamiento de préstamos, a tasa subsidiada, para aquellas bodegas que se sumen al acuerdo de integración de productores. Debe recordarse en este aspecto que existe una operatoria del BID, de ayuda a los productores que se integren a bodegas..

Se trata de un monto total de 100 millones de pesos, a otorgar hasta 800 mil por bodega, a devolver en seis años, con ocho meses de gracia y a una tasa fija del 6 por ciento anual. Debe señalarse que los préstamos del Nación son a 14 por ciento, pero el Gobierno nacional subsidia un 6 por ciento y el 2 por ciento restante será a través del Fondo para la Transformación y Crecimiento.

"Es un anuncio interesante para aquellas bodegas que quieran incorporar tecnología y además servirá para la integración de los productores", dijo un dirigente gremial empresario, asegurando también que "hay varios interesados en sumarse a la iniciativa".

Cabría señalar que el anuncio no fue sólo para el sector vitivinícola, ya que también los hubo para la lechería, el trigo, el maíz y la carne porcina y que del acto participaron, además de Cristina Fernández, los ministros de Agricultura, Julián Domínguez; de Economía, Amado Boudou y de Trabajo, Carlos Tomada, lo que derivó en un tipo de lectura política a algunos asistentes, por la presencia de Tomada y la ausencia del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. 
 

LOS VINOS MEJOR VENDIDOS A NIVEL MUNDIAL SON DEL CONO SUR

Como contrapeso a una tendencia global la producción del vino en Argentina se incrementó un 33% en 2010 en comparación con el índice del año anterior. Un señalado crecimiento, aunque menor que el de su vecinos, registraron los vitivinicultores de Chile. Pero los récords extemporáneos de ambos países, coincidentes con el declive general en el sector evaluado por los expertos en un 4%, los contrapuso uno a otro como a dos rivales en un duelo.
La uva Malbec es originaria de la región de Cahors situada en el sudoeste de Francia. Y resultó siendo la variedad tinta que mejor se ha adaptado al suelo argentino donde encontró las condiciones ecológicas ideales para su desarrollo, dando vinos excepcionales. Hoy el mundo está comenzando a asociar los vinos argentinos con el propio cepaje. Al tiempo que la República Argentina está reconocida como una productor de los Malbec más refinados, los caldos de esta denominación recibidos del producto básico de la provincia Mendoza son considerados los mejores del mundo.
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Sauvignon Blanc es la cepa más difundida en Chile en la última década. Y los expertos sostienen que tiene mucho futuro en este país andino, puesto que hay muchas zonas con clima fresco que son optimas para cultivarla. En Europa son populares los tintos rojos chilenos.
Según dice un enólogo argentino, Matías Prezioso, el producto vinicultor de aquí es “generalmente fresco, con una carga de fruta bastante importante, pero además tiene como particularidad, aromas bastantes notorios de especias. Se asocia con ciertas reminiscencias de pimienta blanca, con ají, con pimentón asado”. En Chile, explica el experto, es sensible la influencia del Pacífico, un océano bastante frío, cuya brisa llega en la mayoría de los valles chilenos que están muy cercanos a la costa. Por lo cual los vinos tienen un grado de acidez más elevado”.
A causa de que la cerveza lidera en el mercado de las bebidas alcohólicas en Argentina y Chile, el principal destino para la creciente industria vitivinicultora era y es la exportación. Ambos países realizan importantes campañas para afirmarse en el mercado europeo, chino, norteamericano y ruso. Con eso, los fabricantes argentinos se sumaron mucho más tarde que sus vecinos productores a la competencia a nivel internacional y todavía no tienen tantos consumidores fieles en dichos mercados. Pero el retraso no les impedirá, considerando los actuales ritmos de crecimiento, ganar un día el certamen.
Como si se tratara de su rivalidad futbolística con Brasil, los argentinos disputan desde hace años el dominio del mercado vinícola con Chile. El último informe anual de la Organización Internacional del Vid y el Vino, con sede en Francia, contiene el siguiente veredicto estadístico: Argentina es el 5º país del mundo en la producción de vinos y lidera el sector en Latinoamérica, pero son los chilenos quienes siguen llevando la delantera en la exportación.

El sur redescubrió el valor de la industria del vino

La actividad comenzó a fines del siglo XIX, pero sufrió las mismas crisis que sus colegas de Cuyo. Ahora, viene por la revancha.  
La Argentina no sólo posee los viñedos más altos del mundo, sino que también tiene los establecimientos vitivinícolas más australes, en la Provincia de Chubut.
Eso es lo que asegura el último informe del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), bautizado “La nueva vitivinicultura de la región patagónica argentina”, una zona que incluye áreas bien delimitadas de las provincias de La Pampa, Neuquén, Río Negro y Chubut.
La zona, que comenzó con la producción de vid con la llegada de los inmigrantes europeos a fines del siglo XIX, ya en los años 20 del siglo pasado producía tanto vinos de alta calidad en establecimientos artesanales como productos más industriales y masivos en bodegas dedicadas a vinos comunes.
La región pasó por las mismas etapas del resto de la industria en el país, hasta que a fines de los 90 algunos empresarios se dieron cuenta de las bondades de las condiciones ecológicas y, en varios casos, contaron el fuerte apoyo de gobiernos provinciales.
Se generó así una actividad que tomó en cuenta los conceptos de los pioneros, con uvas de gran calidad enológica y tecnología de punta y con fuerte acento en la exportación, como sostiene el informe del INV.
Las principales regiones se ubican en San Patricio del Chañar, Departamento de Añelo, en Neuquén; también en el Hoyo de Epuyén, en Chubut, y en la zona de 25 de Mayo, en La Pampa.
En Río Negro, principal provincia vitivinícola de la región, “el proceso fue orientado hacia la reconversión varietal”.
Es verdad, por otra parte, que la región aún es “pequeña” en términos del conjunto de la industria. Según los datos oficiales del INV, “se registró una superficie de 4.505 hectáreas distribuidas en 496 viñedos”; así, la zona “representa el 1,97% del total de hectáreas del país y el 1,89% de los viñedos”.
El 45,97% de los viñedos se encuentran en el rango de superficie de 1 a 5 hectáreas; sin embargo, en los últimos años –sobre todo con las inversiones de importantes grupos empresarios no siempre vinculados a la actividad– aumentó la cantidad de viñedos de más de 25 hectáreas.
Entre los establecimientos de la zona se encuentran Bodega del Desierto, NQN, Bodegas del Fin del Mundo, Familia Schroeder, Canale (uno de los pioneros que resiste desde hace más de 100 años) y Weinert (la más austral).
El trabajo destaca que los nuevos establecimientos aprovecharon la experiencia de sus colegas cuyanos respecto a sistemas de producción y negocios anexos, como el turismo enológico, y que a medida que pasa el tiempo, “se afirma que esta región puede ser muy importante para la producción de vinos premium”. No es casualidad, ya que “las variedades de alta calidad enológica constituyen el 82% de la superficie con uvas de vinificar, que aumentaron el 109% respecto al año 2000” y con un fuerte acento en la exportación.

Fuente: Clarin

El 2010 cerrará con exportación de vinos en niveles récords

Ventas externas de productos embotellados superarán los u$s 600 millones. Estados Unidos, el principal mercado. 

Las exportaciones de la industria vitivinícola argentina alcanzaron los 790 millones de dólares (+12,1%) entre enero y noviembre del 2010 superando así las ventas anuales totales de la temporada anterior, que hasta diciembre del 2009 habían sido de 763 millones de dólares, según un informe sectorial de Caucasia Wine Thinking para Wines of Argentina.
Todo apunta a que si en diciembre último se registra un crecimiento como el observado el año anterior para dicho mes, del orden de los 64 millones de dólares incluidos vinos y mostos, la cifra total de ventas externas en el 2010 habrá rondado los 860 millones de dólares, quebrando así el anterior récord de ventas establecido por el sector en el 2008, que fue de 845 millones de dólares.
En términos de volumen, la última temporada cerraría con una caída de las exportaciones del 8,9%, principalmente provocada por las menores ventas de mostos (-18,2%) y vinos a granel (-36%), aunque el dato positivo es que la tasa de decrecimiento se redujo respecto de meses anteriores.
En este sentido, cabe destacar que noviembre fue el mejor mes del año para las ventas de mosto, ya que se superaron las 10.000 toneladas, y el segundo mejor mes del año para vinos a granel, que en once meses del 2010 alcanzaron los 40,7 millones de litros en ventas externas.
Un dato auspicioso es que el precio promedio de todos los productos sigue creciendo fuertemente, excepto los ingresos registrados por ventas de mosto.
En vinos a granel, por ejemplo, se reportaron ingresos anuales por 33,6 millones de dólares, con un crecimiento del 3,4% respecto de la temporada anterior.
El precio promedio de los productos de valor, entre ellos los vinos fraccionados y los espumantes, superó los 3 dólares por litro.
Para los vinos fraccionados en botella, de los cuales se colocó en los mercados externos un total de 178,4 millones de litros por 594,8 millones de dólares, el precio promedio por litro se ubicó en 3,33 dólares, con una variación positiva del 7,7% en comparación con el año anterior.
En espumantes, cuyos despachos treparon a 3,3 millones de litros por un valor de 14,4 millones de dólares, el precio promedio por litro fue de 4,36 dólares, con una suba del 4,8% respecto del 2009.

Imparables
Los vinos embotellados, motor del crecimiento de las exportaciones a lo largo del año, siguen mostrando un ritmo vertiginoso, sostiene el informe de Caucasia. En noviembre se exportaron 1,7 millones de cajas (+5,6%, respecto de igual mes del año anterior) por 51,9 millones de dólares (+12% comparado con noviembre del 2009).
En este rubro se registraron importantes incrementos en las exportaciones anuales a Estados Unidos, Brasil, México, Países Bajos y Alemania, país éste que mostró signos de recuperación en el último trimestre.
En el caso concreto de Estados Unidos, actualmente el principal mercado para los vinos embotellados de origen argentino, sus compras alcanzaron los 6,3 millones de cajas de nueve litros (+18,5% respecto del 2009), por las que desembolsó 204,7 millones de dólares (+18,5%). El precio promedio que pagó el mercado norteamericano en esta temporada fue de 32,35 dólares por caja, sin variaciones en la comparación interanual.
Otro mercado de relevancia para los vinos embotellados fue Brasil, ubicado en el tercer lugar en el ranking detrás de Canadá. Las importaciones del mercado brasileño totalizaron 1,76 millones de cajas de nueve litros por las que pagó 49,7 millones de dólares. El gigante sudamericano creció un 23% en volumen y un 38,9% en valor, al tiempo que mostró un alza del 13% en el precio promedio pagado por caja, que fue de 28,25 dólares.
México (6º) y Países Bajos (5º) se sumaron al listado de clientes de importancia. El país azteca adquirió algo más de 460.000 cajas de nueve litros (+36,8%), que dejaron ingresos por 14,2 millones de dólares (+27,6%). Los Países Bajos, en tanto, concretaron importaciones por 1,34 millones de cajas (+12,3%) y 35,1 millones de dólares (+17,5%).
Gracias al crecimiento de la segunda mitad del año y a la desaceleración de las ventas en Países Bajos, las que como se apuntó igualmente fueron buenas, el Reino Unido recuperó un puesto en el ranking de los vinos embotellados y se ubicó en el cuarto lugar con 39,9 millones de dólares, logrando superar la performance del 2009 en un 5% en facturación.
El mercado inglés fue, junto con Canadá, Paraguay y China, donde se observó el mayor aumento del precio promedio de los vinos embotellados en los 11 meses en análisis.

Evolución asiática
Un comentario aparte merecen los países asiáticos, hacia los cuales apunta la mira de varias bodegas argentinas que consideran esta franja de mercado como la de mayor crecimiento a futuro y en la que lentamente van ganando posiciones.
Los países asiáticos en su conjunto compraron 744.943 cajas de nueve litros en el 2010, que dejaron ingresos por 24 millones de dólares. En este caso en particular, el incremento en volumen fue del 22,5% respecto de la temporada anterior, mientras que el valor FOB creció un 35,4%. En promedio estos mercados pagaron 32,3 dólares por cada caja, un 10,6% más que en el 2009.
De enero a noviembre del 2010 el 78% del volumen de vinos embotellados exportados fue de color tinto, el 20% correspondió a blancos y el 2% a rosados.
De vinos tintos al cierre de noviembre del año pasado se habían exportado 15,4 millones de cajas de nueve litros por 486,7 millones de dólares. El incremento fue del 11,8% en volumen y del 20,4% en valor.
En lo que respecta a los vinos blancos, la comercialización externa alcanzó los 3,9 millones de cajas (+3,7%), por 98,5 millones de dólares (+10,2%).
Respecto de igual período del 2009, los tintos aumentaron dos puntos su participación en el total.

Manda el malbec
Con exportaciones que superaron los 7,8 millones de cajas, el malbec lideró las ventas de vinos embotellados y absorbió el 39,6% del volumen total (en términos de facturación ese porcentaje asciende al 46,7%). Las exportaciones de malbec reportaron ingresos por 277,5 millones de dólares.
La segunda variedad, lejos del malbec y con un crecimiento moderado, fue cabernet sauvignon. De esta variedad se vendieron 2,1 millones de cajas (+4,7%) por 64,9 millones de dólares (+9,6%).
El torrontés, la segunda variedad de mayor crecimiento entre las principales, ascendió al quinto lugar en el ranking por facturación, con 17,4 millones de dólares y 1,3 millones de cajas, aunque en términos de volumen estuvo por debajo del bivarietal syrah-malbec y el varietal syrah.
En noviembre se alcanzó nuevamente un récord de ventas de espumantes, tanto en divisas como en volumen: fueron 2,16 millones de dólares y 60.000 cajas de nueve litros que, sumados al resto del año, resultaron en 14,5 millones de dólares y 368.100 cajas. Si se hace una comparación con los resultados del mismo período del 2009, el crecimiento fue del 12,6% en dólares y del 7,4% en volumen. El precio ascendió, en promedio, el 4,8%, alcanzando los 39,25 dólares por caja.
Brasil es el mercado líder en este segmento y se observaron importantes crecimientos en Perú, Chile, Colombia, Paraguay y Japón.
El vino en tetra brik es, entre los productos de valor agregado, el que mayor aumento del precio promedio tuvo durante el 2010, siendo un 43,6% mayor que en igual período del 2009, ya que alcanzó los 0,84 dólares por litro. Por esto, una caída del 22,2% en volumen se tradujo en un aumento de la facturación del 11,6%.
África, que durante el 2009 había sido protagonista en las exportaciones de tetra brik, no tuvo la misma performance durante el 2010, en que los principales puestos del ranking volvieron a ser ocupados por países latinoamericanos y Rusia.

También en noviembre se exportaron 10.052 toneladas de mosto por 13,2 millones de dólares. En el acumulado anual las ventas totalizaron 83,4 millones de litros y reportaron ingresos por 115,5 millones de dólares, cifra un 9,3% menor que la del año anterior. El precio promedio cayó en el último mes para llegar a los 1.310 dólares por tonelada, siendo el más bajo de los últimos ocho meses. En este rubro fue importante el crecimiento en Estados Unidos, que se afirmó como el mercado líder con un acumulado en el año de 38.000 toneladas.
En lo que se refiere a la franja de precios en la comercialización de vinos, la que va de los 18 a los 38 dólares fue la más demandada, ya que se colocó un total de 11,6 millones de cajas por 302,8 millones de dólares. En ambos casos se apreció una variación positiva que alcanzó el 18,8% en volumen y el 21% en valor.


Fuente: Diario Rio Negro